Recopilación de historias reales, soñadas o inventadas, pensamientos, sentimientos o delirios en una servilleta de bar. *Sabina.
domingo, 13 de abril de 2014
sábado, 12 de abril de 2014
miércoles, 26 de marzo de 2014
viernes, 28 de febrero de 2014
sujétame un rato este sol, te dije y ya jamás volví
será que mi cansino caminar
no ronda por la puerta de
aquello que llaman amor,
y en el alféizar me quedé,
mirándote al pasar, queriéndote ofrecer
el pienso de tan lejos que no pudo ser,
y te quiero contar que nada me amparó,
así que mal y tarde te pido,
quédate hasta el día que lluevan pianos,
quédate hasta que yo dé mi brazo a retorcer,
no ronda por la puerta de
aquello que llaman amor,
y en el alféizar me quedé,
mirándote al pasar, queriéndote ofrecer
el pienso de tan lejos que no pudo ser,
y te quiero contar que nada me amparó,
así que mal y tarde te pido,
quédate hasta el día que lluevan pianos,
quédate hasta que yo dé mi brazo a retorcer,
Sin miedo sientes que la suerte está contigo
Jugando con los duendes abrigándote el camino
Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido
Mejor vivir sin miedo
Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno
Las calles se confunden con el cielo
Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así
Sin miedo, si quieres las estrellas vuelco el cielo
No hay sueños imposibles ni tan lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Sin miedo, las olas se acarician con el fuego
Si alzamos bien las yemas de los dedos
Podemos de puntillas tocar el universo, sí
Sin miedo, las manos se nos llenan de deseos
Que no son imposibles ni están lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Lo malo se nos va volviendo bueno
Si quieres las estrellas vuelco el cielo
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonrei
Jugando con los duendes abrigándote el camino
Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido
Mejor vivir sin miedo
Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno
Las calles se confunden con el cielo
Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así
Sin miedo, si quieres las estrellas vuelco el cielo
No hay sueños imposibles ni tan lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Sin miedo, las olas se acarician con el fuego
Si alzamos bien las yemas de los dedos
Podemos de puntillas tocar el universo, sí
Sin miedo, las manos se nos llenan de deseos
Que no son imposibles ni están lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir
Sin miedo sientes que la suerte está contigo...
Lo malo se nos va volviendo bueno
Si quieres las estrellas vuelco el cielo
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonrei
sábado, 8 de febrero de 2014
pongamos que hablo de respuestas.
Si tuviese que contestar a la pregunta esa del primer día en la facultad... hoy diría que lo único que le daría sentido a mi vida es saber que estoy ayudando a alguien. Que mi vida sin dedicarme a los demás no valdría nada. Que aunque reciba sinsabores, ingratitud y desprecio, obtendré a cambio un motivo por el que continuar. Sin idealizar nada, claro está. A pesar de que el hombre siga cometiendo atrocidades, siempre quedará un resquicio de esperanza a la que nos podemos acoger.
No amo la humanidad. No creo en las personas con facilidad. De hecho a medida que descubro más cosas de la gente más asco me da. Seamos idealistas, que de momento hay ilusiones que no se pueden recortar. Forjarse una vida distinta, eso habría respondido. Razón suficiente.
Tengo la vaga sensación de que aún sigo pagando errores pasados. No sé si fueron mis malas actuaciones, otros errores o que Dios existe y me tiene puteada por atea, pero este pago a plazos al que estoy sometida no me gusta nada y ya me siento bastante estafada: creo que estoy dando mucho más de lo que cogí y se están aprovechando para exprimirme por cosas de las que yo no tengo la culpa.
Otra de las opciones es que haya cosas que me pasan que no estoy viendo desde la perspectiva correcta. Siempre recordamos lo malo, pero ¿y lo bueno?
Intentaré modificar un poco mi perspectiva. Quizá esto no sea otro recibo del error. Quizá sea un regalo que me está dando la vida, oye.
Tengo la vaga sensación de que aún sigo pagando errores pasados. No sé si fueron mis malas actuaciones, otros errores o que Dios existe y me tiene puteada por atea, pero este pago a plazos al que estoy sometida no me gusta nada y ya me siento bastante estafada: creo que estoy dando mucho más de lo que cogí y se están aprovechando para exprimirme por cosas de las que yo no tengo la culpa.
Otra de las opciones es que haya cosas que me pasan que no estoy viendo desde la perspectiva correcta. Siempre recordamos lo malo, pero ¿y lo bueno?
Intentaré modificar un poco mi perspectiva. Quizá esto no sea otro recibo del error. Quizá sea un regalo que me está dando la vida, oye.
Pongamos que hablo de... mañanas.
Las seis y muy poco, los dedos más azules que el pelo, pies y labios morados, el maquillaje corrido y el móvil al 2% de batería, impaciencia reprimida porque ya llegue el metro. A mi lado hablaban dos chicas.
Dos horas y después no era persona más que para tirarme a la cama solo habiéndome quitado los tacones. Al despertarme el mismo panorama que de costumbre, boca seca, pies hinchados, dolor de cabeza y recuerdos algo difusos. Sin embargo me seguía acordando de la conversación de las chicas.
Contaban que una mañana, él volvió a casa a la una del mediodía. Subió las escaleras casi corriendo deseando no encontrarse con ningún vecino y cerró la puerta tras él, se apoyó en ella y se llevó la mano a la cara. Tenía los ojos hinchados y el corazón le latía a mil. Le sonó el móvil por cuarta vez y pensó que debería contestar si no quería que le estuviesen llamando todo el día. Solo quería que le dejasen en paz.
- ¿Sí?
- Ey tío, que ya me he enterado... ¿cómo estás?
- Bien -le delató un pequeño balbuceo pero trató de sobreponerse- tranquilo. No pasa nada.
- ¿Dónde estás?
- No, necesito estar solo ahora, por favor. De verdad. Si hablas con alguien más, por favor, diles que no me llamen ni me busquen ni nada, que quiero estar solo un rato y pensar, o no pensar, o solo reorganizar las ideas... pero lo último que quiero ahora es gente, preguntas y palabras de consuelo.
- Bueno... venga. Descansa, te vendrá bien. Ya sabes dónde estoy.
Y el chico colgó.
Luego tras un medio intento de desahogo se decidió a mantenerse ocupado en otras cosas. Se metió en la habitación y se puso a ordenar las cajas de cartón que contenían su vida, la vida de su novia y otras cosas comunes. Entre que sacaba unas cosas y otras y a medida que se acumulaba el desorden, de una de las cajas se cayó un sobre. Lo recogió sin darle importancia hasta que reconoció en él su propio nombre y la letra de ella.
Lo abrió porque despertó su curiosidad y esto se encontró:
Hola cielo. Si lees esto es porque por fin (no te enfades) ha llegado el momento. El momento que llevo tanto tiempo esperando, tanto tiempo deseando en secreto. Y sí, sé que no te lo esperabas, pero llevo media vida con este pensamiento en la cabeza y la única razón por la que no lo he hecho antes es por cobarde, porque me daba miedo. Era tan horrible vivir con esa sensación. No he podido vivir nunca plenamente porque simplemente ya no quería hacerlo. Desde hace mucho.
Sobre todo quiero aclararte una cosa: tú no tienes nada que ver con esto, nada. Tú me hacías feliz, eras una de las cosas por las que valía la pena que yo existiese. Yo fui muy feliz a tu lado. De hecho soy feliz ahora a tu lado. De hecho me estás haciendo feliz ahora, justo en este momento.
Te preguntarás por qué he decidido hacerlo... porque ya no podía más. Es cierto que me haces feliz pero ya no puedo más. No quiero seguir viviendo porque ya no tengo fuerzas, ni motivaciones ni ilusiones, porque no hago más que llevar a cuestas un montón de cosas que me han pasado, que me han afectado y que no soy capaz de superar. que cada día me destrozan más y me quitan las ganas de seguir, me dejan sin una sola alegría. Y sabes, no lo sé afrontar. Todo se derrumbó a mi alrededor, ya lo sabes, de hecho que no sé construir nada a mi alrededor sin pensar que también se destrozará. Y cada vez que pasa algo tengo menos esperanzas. Ya no tengo fuerzas. No puedo. La gente continúa con sus vidas, afronta las dificultades de la vida de la mejor manera... pero es que yo no soy capaz, cada nuevo avatar me hunde, todo lo que empiezo me ilusiona pero acaba de la peor manera. Ya no quiero. Esto no es para mí.
No sé si lo comprenderás, no sabías muchas cosas de mi vida anterior porque es lo que siempre he tratado de esconder. Solo eran intentos de alejarlo, pero con el tiempo me he dado cuenta de que eso era intrínseco a mí. Te sorprenderá saber que te acababas de ir a vivir con una chica que tenía en la mente quitarse la vida, a todas horas, en las tristes y en las felices.
No me gustan las despedidas, pero pensé que a ti era bueno dejarte esto porque aunque no me creas quiero que lo sepas: que nada podía hacerme cambiar de opinión, ni tú ni nadie. Y que me hacías feliz, que no era por infelicidad... te querré siempre. Gracias por endulzarme los últimos momentos de existencia y por todo.
Las chicas hablaban casi a la vez debatiendo las causas que tenía la chica, que si no justificaba nada, que era una egoísta, que vaya frialdad por una parte, que a lo mejor vivía en una depresión permanente... me costaba un poco comprenderlas en mi empanamiento mañanero pero luego continuaron hablando. El chico releyó la carta varias veces mientras le temblaban las manos, con la boca abierta y la mente en blanco. El sonido del timbre le despertó de golpe de su shock. Se guardó la carta en el bolsillo mientras iba a abrir la puerta.
Y la historia no se me pudo olvidar porque la que estaba en la puerta era ella.
- Hola cielo, me ha llamado tu compañero y me lo ha contado... ¿cómo estás?
El chico estaba perplejo. No sabía contestar, sólo podía mirarla sin creerse lo que estaba pasando. Sin creerse que no se había matado.
- ¿Estás bien? Estás blanquísimo. Te ha afectado más de lo que creía.
Solo entonces el chico recordó la razón por la que había ido a casa destrozado esa mañana... una cosa tan insignificante comparado con lo que acababa de descubrir. ¿Qué iba a pasar? ¿Cuándo escribió esa carta? ¿Seguía queriendo hacerlo? ¿Iba a hacerlo?
- No te preocupes. Encontrarás otro trabajo donde te valorarán y no te tratarán de esa forma. Eres joven y bueno en lo que haces. No te mereces gente a tu lado que te humille como lo han hecho. Saldrá bien. Anda, voy a desembalar el DVD, ponemos una peli y nos relajamos un poco... que con tanta mudanza menudo caos hay para encontrar cualquier cosa.
Y bueno, entonces llegó el metro y ellas se fueron por un lado distinto al mío, de modo que no sé cómo continúa. Sí, ya sé que es una historia un poco sin sentido y con muchos cabos sueltos, pero me caló bastante hondo y hoy en día me sigue viniendo a la cabeza. Sé que nunca sabré el final, si realmente lo haría, si el chico le confesaría que la había encontrado, si arreglarían juntos el problema y lo evitarían, las razones que tenía ella para no querer seguir viviendo... en fin.
Dos horas y después no era persona más que para tirarme a la cama solo habiéndome quitado los tacones. Al despertarme el mismo panorama que de costumbre, boca seca, pies hinchados, dolor de cabeza y recuerdos algo difusos. Sin embargo me seguía acordando de la conversación de las chicas.
Contaban que una mañana, él volvió a casa a la una del mediodía. Subió las escaleras casi corriendo deseando no encontrarse con ningún vecino y cerró la puerta tras él, se apoyó en ella y se llevó la mano a la cara. Tenía los ojos hinchados y el corazón le latía a mil. Le sonó el móvil por cuarta vez y pensó que debería contestar si no quería que le estuviesen llamando todo el día. Solo quería que le dejasen en paz.
- ¿Sí?
- Ey tío, que ya me he enterado... ¿cómo estás?
- Bien -le delató un pequeño balbuceo pero trató de sobreponerse- tranquilo. No pasa nada.
- ¿Dónde estás?
- No, necesito estar solo ahora, por favor. De verdad. Si hablas con alguien más, por favor, diles que no me llamen ni me busquen ni nada, que quiero estar solo un rato y pensar, o no pensar, o solo reorganizar las ideas... pero lo último que quiero ahora es gente, preguntas y palabras de consuelo.
- Bueno... venga. Descansa, te vendrá bien. Ya sabes dónde estoy.
Y el chico colgó.
Luego tras un medio intento de desahogo se decidió a mantenerse ocupado en otras cosas. Se metió en la habitación y se puso a ordenar las cajas de cartón que contenían su vida, la vida de su novia y otras cosas comunes. Entre que sacaba unas cosas y otras y a medida que se acumulaba el desorden, de una de las cajas se cayó un sobre. Lo recogió sin darle importancia hasta que reconoció en él su propio nombre y la letra de ella.
Lo abrió porque despertó su curiosidad y esto se encontró:
Hola cielo. Si lees esto es porque por fin (no te enfades) ha llegado el momento. El momento que llevo tanto tiempo esperando, tanto tiempo deseando en secreto. Y sí, sé que no te lo esperabas, pero llevo media vida con este pensamiento en la cabeza y la única razón por la que no lo he hecho antes es por cobarde, porque me daba miedo. Era tan horrible vivir con esa sensación. No he podido vivir nunca plenamente porque simplemente ya no quería hacerlo. Desde hace mucho.
Sobre todo quiero aclararte una cosa: tú no tienes nada que ver con esto, nada. Tú me hacías feliz, eras una de las cosas por las que valía la pena que yo existiese. Yo fui muy feliz a tu lado. De hecho soy feliz ahora a tu lado. De hecho me estás haciendo feliz ahora, justo en este momento.
Te preguntarás por qué he decidido hacerlo... porque ya no podía más. Es cierto que me haces feliz pero ya no puedo más. No quiero seguir viviendo porque ya no tengo fuerzas, ni motivaciones ni ilusiones, porque no hago más que llevar a cuestas un montón de cosas que me han pasado, que me han afectado y que no soy capaz de superar. que cada día me destrozan más y me quitan las ganas de seguir, me dejan sin una sola alegría. Y sabes, no lo sé afrontar. Todo se derrumbó a mi alrededor, ya lo sabes, de hecho que no sé construir nada a mi alrededor sin pensar que también se destrozará. Y cada vez que pasa algo tengo menos esperanzas. Ya no tengo fuerzas. No puedo. La gente continúa con sus vidas, afronta las dificultades de la vida de la mejor manera... pero es que yo no soy capaz, cada nuevo avatar me hunde, todo lo que empiezo me ilusiona pero acaba de la peor manera. Ya no quiero. Esto no es para mí.
No sé si lo comprenderás, no sabías muchas cosas de mi vida anterior porque es lo que siempre he tratado de esconder. Solo eran intentos de alejarlo, pero con el tiempo me he dado cuenta de que eso era intrínseco a mí. Te sorprenderá saber que te acababas de ir a vivir con una chica que tenía en la mente quitarse la vida, a todas horas, en las tristes y en las felices.
No me gustan las despedidas, pero pensé que a ti era bueno dejarte esto porque aunque no me creas quiero que lo sepas: que nada podía hacerme cambiar de opinión, ni tú ni nadie. Y que me hacías feliz, que no era por infelicidad... te querré siempre. Gracias por endulzarme los últimos momentos de existencia y por todo.
Las chicas hablaban casi a la vez debatiendo las causas que tenía la chica, que si no justificaba nada, que era una egoísta, que vaya frialdad por una parte, que a lo mejor vivía en una depresión permanente... me costaba un poco comprenderlas en mi empanamiento mañanero pero luego continuaron hablando. El chico releyó la carta varias veces mientras le temblaban las manos, con la boca abierta y la mente en blanco. El sonido del timbre le despertó de golpe de su shock. Se guardó la carta en el bolsillo mientras iba a abrir la puerta.
Y la historia no se me pudo olvidar porque la que estaba en la puerta era ella.
- Hola cielo, me ha llamado tu compañero y me lo ha contado... ¿cómo estás?
El chico estaba perplejo. No sabía contestar, sólo podía mirarla sin creerse lo que estaba pasando. Sin creerse que no se había matado.
- ¿Estás bien? Estás blanquísimo. Te ha afectado más de lo que creía.
Solo entonces el chico recordó la razón por la que había ido a casa destrozado esa mañana... una cosa tan insignificante comparado con lo que acababa de descubrir. ¿Qué iba a pasar? ¿Cuándo escribió esa carta? ¿Seguía queriendo hacerlo? ¿Iba a hacerlo?
- No te preocupes. Encontrarás otro trabajo donde te valorarán y no te tratarán de esa forma. Eres joven y bueno en lo que haces. No te mereces gente a tu lado que te humille como lo han hecho. Saldrá bien. Anda, voy a desembalar el DVD, ponemos una peli y nos relajamos un poco... que con tanta mudanza menudo caos hay para encontrar cualquier cosa.
Y bueno, entonces llegó el metro y ellas se fueron por un lado distinto al mío, de modo que no sé cómo continúa. Sí, ya sé que es una historia un poco sin sentido y con muchos cabos sueltos, pero me caló bastante hondo y hoy en día me sigue viniendo a la cabeza. Sé que nunca sabré el final, si realmente lo haría, si el chico le confesaría que la había encontrado, si arreglarían juntos el problema y lo evitarían, las razones que tenía ella para no querer seguir viviendo... en fin.
sábado, 11 de enero de 2014
sábado, 4 de enero de 2014
pongamos que hablo de... ¡aiva! ¿Cuándo escribí esto?
Llevo unos días con dolor.
Bueno, siempre tiene que ver estar más estresada por los exámenes parciales, los puñeteros cambios de tiempo, las idas y venidas, todo. Pero esta vez es distinto. Esta vez quizá necesitaba otra vez recurrir a esto.
Llegan otro año más. Como siempre despampanantes, luminosas y repelentes, anunciando su llegada un mes antes incluso.
Y a mí me duele el alma. Ya no es rabia, ni tristeza, ni impotencia, es otra cosa, es la suma, yo qué sé, pero mientras me estoy riendo de un chiste o compartiendo una caña con alguien o simplemente pasando un rato agradable con mis amigos, ese dolor, ese vacío sigue. Intento, y no se me da muy mal, que mi vida siga siendo normal y que esa sensación no haga mella en ella, ni en mi carácter ni en mi relación con los demás... pero sigue.
Y es que no puedo dejar de pensar lo fácil que es que todo se derrumbe. No puedo creerme que todo lo que me rodeaba cuando era pequeña ya no exista. El tiempo se ha ido comiendo a la armonía. Del calor de una familia unida, gradualmente y casi sin pensar mucho en ello, nos encontramos ahora con escarcha.
Se me ha roto ese mundo y lo echo tanto de menos...
Ahora lo importante es seguir unidos los que quedamos juntos, sin dejar que el tiempo haga lo mismo con nosotros. El dolor es bueno, es lo que te muestra que aún no has muerto, es lo que te da lecciones y es lo que te hace valorar ciertas cosas, reflexionar y aprender.
Por ejemplo yo mañana madrugo y aquí estoy. Aprenderé al dormir tres horas de que no debo hacerlo más.
Bueno, siempre tiene que ver estar más estresada por los exámenes parciales, los puñeteros cambios de tiempo, las idas y venidas, todo. Pero esta vez es distinto. Esta vez quizá necesitaba otra vez recurrir a esto.
Llegan otro año más. Como siempre despampanantes, luminosas y repelentes, anunciando su llegada un mes antes incluso.
Y a mí me duele el alma. Ya no es rabia, ni tristeza, ni impotencia, es otra cosa, es la suma, yo qué sé, pero mientras me estoy riendo de un chiste o compartiendo una caña con alguien o simplemente pasando un rato agradable con mis amigos, ese dolor, ese vacío sigue. Intento, y no se me da muy mal, que mi vida siga siendo normal y que esa sensación no haga mella en ella, ni en mi carácter ni en mi relación con los demás... pero sigue.
Y es que no puedo dejar de pensar lo fácil que es que todo se derrumbe. No puedo creerme que todo lo que me rodeaba cuando era pequeña ya no exista. El tiempo se ha ido comiendo a la armonía. Del calor de una familia unida, gradualmente y casi sin pensar mucho en ello, nos encontramos ahora con escarcha.
Se me ha roto ese mundo y lo echo tanto de menos...
Ahora lo importante es seguir unidos los que quedamos juntos, sin dejar que el tiempo haga lo mismo con nosotros. El dolor es bueno, es lo que te muestra que aún no has muerto, es lo que te da lecciones y es lo que te hace valorar ciertas cosas, reflexionar y aprender.
Por ejemplo yo mañana madrugo y aquí estoy. Aprenderé al dormir tres horas de que no debo hacerlo más.
Pongamos que hablo de que ya no queda nada
Y como no queda nada, hay que empezar de cero. Ojalá las lágrimas sean anestesia y amnesia, depuren todo bien y sea fácil tener otra vida donde las mentiras no logren asentarse.
Brindo por los años que más puñeteros han sido conmigo, no dudo que en el futuro tendré mucho que agradeceros.
Brindo por los años que más puñeteros han sido conmigo, no dudo que en el futuro tendré mucho que agradeceros.
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