Recopilación de historias reales, soñadas o inventadas, pensamientos, sentimientos o delirios en una servilleta de bar. *Sabina.
sábado, 11 de enero de 2014
sábado, 4 de enero de 2014
pongamos que hablo de... ¡aiva! ¿Cuándo escribí esto?
Llevo unos días con dolor.
Bueno, siempre tiene que ver estar más estresada por los exámenes parciales, los puñeteros cambios de tiempo, las idas y venidas, todo. Pero esta vez es distinto. Esta vez quizá necesitaba otra vez recurrir a esto.
Llegan otro año más. Como siempre despampanantes, luminosas y repelentes, anunciando su llegada un mes antes incluso.
Y a mí me duele el alma. Ya no es rabia, ni tristeza, ni impotencia, es otra cosa, es la suma, yo qué sé, pero mientras me estoy riendo de un chiste o compartiendo una caña con alguien o simplemente pasando un rato agradable con mis amigos, ese dolor, ese vacío sigue. Intento, y no se me da muy mal, que mi vida siga siendo normal y que esa sensación no haga mella en ella, ni en mi carácter ni en mi relación con los demás... pero sigue.
Y es que no puedo dejar de pensar lo fácil que es que todo se derrumbe. No puedo creerme que todo lo que me rodeaba cuando era pequeña ya no exista. El tiempo se ha ido comiendo a la armonía. Del calor de una familia unida, gradualmente y casi sin pensar mucho en ello, nos encontramos ahora con escarcha.
Se me ha roto ese mundo y lo echo tanto de menos...
Ahora lo importante es seguir unidos los que quedamos juntos, sin dejar que el tiempo haga lo mismo con nosotros. El dolor es bueno, es lo que te muestra que aún no has muerto, es lo que te da lecciones y es lo que te hace valorar ciertas cosas, reflexionar y aprender.
Por ejemplo yo mañana madrugo y aquí estoy. Aprenderé al dormir tres horas de que no debo hacerlo más.
Bueno, siempre tiene que ver estar más estresada por los exámenes parciales, los puñeteros cambios de tiempo, las idas y venidas, todo. Pero esta vez es distinto. Esta vez quizá necesitaba otra vez recurrir a esto.
Llegan otro año más. Como siempre despampanantes, luminosas y repelentes, anunciando su llegada un mes antes incluso.
Y a mí me duele el alma. Ya no es rabia, ni tristeza, ni impotencia, es otra cosa, es la suma, yo qué sé, pero mientras me estoy riendo de un chiste o compartiendo una caña con alguien o simplemente pasando un rato agradable con mis amigos, ese dolor, ese vacío sigue. Intento, y no se me da muy mal, que mi vida siga siendo normal y que esa sensación no haga mella en ella, ni en mi carácter ni en mi relación con los demás... pero sigue.
Y es que no puedo dejar de pensar lo fácil que es que todo se derrumbe. No puedo creerme que todo lo que me rodeaba cuando era pequeña ya no exista. El tiempo se ha ido comiendo a la armonía. Del calor de una familia unida, gradualmente y casi sin pensar mucho en ello, nos encontramos ahora con escarcha.
Se me ha roto ese mundo y lo echo tanto de menos...
Ahora lo importante es seguir unidos los que quedamos juntos, sin dejar que el tiempo haga lo mismo con nosotros. El dolor es bueno, es lo que te muestra que aún no has muerto, es lo que te da lecciones y es lo que te hace valorar ciertas cosas, reflexionar y aprender.
Por ejemplo yo mañana madrugo y aquí estoy. Aprenderé al dormir tres horas de que no debo hacerlo más.
Pongamos que hablo de que ya no queda nada
Y como no queda nada, hay que empezar de cero. Ojalá las lágrimas sean anestesia y amnesia, depuren todo bien y sea fácil tener otra vida donde las mentiras no logren asentarse.
Brindo por los años que más puñeteros han sido conmigo, no dudo que en el futuro tendré mucho que agradeceros.
Brindo por los años que más puñeteros han sido conmigo, no dudo que en el futuro tendré mucho que agradeceros.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)