Últimamente no descanso bien y no es como antes, que tenía motivos para esperar al alba mejores que el único que tengo ahora: no querer soñar. Cada noche me voy a la cama intuyendo la puñalada trapera que el hijo de perra de mi subconsciente me tiene preparada y se va superando.
"Cuando sufres de insomnio nunca estás del todo dormido ni del todo despierto", o algo parecido decía el protagonista de Fight Club. Si pudiera dormir hasta las tantas me importaría menos y conseguiría evitar echarme la siesta cada tarde que me sienta como un tiro en la rodilla, pero mientras dure hay que llevar dinero a casa.
Sueño todo lo vivido estos casi veinte años, sueño lo que no puedo imaginar. Cocino en mi cerebro el resultado de tanto que me es imposible explicarlo o describirlo, la masa maestra final de todo lo que callo que por desgracia no es poco.
A mí me gustaba soñar sobre cualquier cosa y escribirla nada más abrir los ojos para no dejar esos recuerdos esfumarse durante el día. Estos me superan.
Necesito que todo cambie ya, quiero no dormir y soñar, quiero ser la gilipollas que he sido siempre y de esas de las que todos estamos rodeados, esas que se quejan y quejan y quejan aún teniéndolo todo y más, quejarme de banalidades porque es lo que difumina los entramados de mi vida perfecta sin problemas.
Mi vida perfecta es una masa grumosa, blanda y amarilla que dura unos segundos erguida hasta volver a desmoronarse lentamente alrededor de las vigas que aspiraban a ser algo.
y encima no consigo dejar de fumar...tócate la polla.