miércoles, 26 de junio de 2013

Pongamos que hablo de... mil metros.

Me precipité y caí y caí y caí y me di un golpe contra el suelo porque ahí abajo nadie estaba para recogerme, porque la que tenía que estar para salvarme no era nadie más que yo, pero claro, estaba demasiado ocupada haciendo otras cosas como caer.

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