Juegas con el tiempo acelerándolo y parándolo, me estoy mareando y no quiero poner los pies en la tierra.
Tengo una guerra con mi cabeza porque trata de convencerme de que te tiene calado. Y yo no quiero creerla.
La arena de mi vida se me escapa entre los dedos fríos. Más inestable que nunca, me sostengo a duras penas en un tejado. La luna me está mirando y se ríe en mi puta cara. Juego con fuego y sé que voy a quemarme pero no voy a quitar la mano.
Claro que quiero creerte y no lo hago.
A mi cabeza tampoco la creo.
Yo no creo en nada y por primera vez creo. Tengo una esperanza del color de tus ojos, algo amarga. Ya te he dicho que el café me encanta, así que no me la arrebates.
Me gusta vivir tan al límite. Cualquier día me voy a llevar un susto y lo digo mientras sonrío.
Mi cabeza no me habría dejado decirte un "no te vayas", pero estaba ocupada tratando de frenar a mi corazón.
Mi cabeza se está impacientando.
Mi cabeza me la suda.
El único problema es que tú me hablaste del destino. Y mi alma de arena se convierte en una tormenta cada vez que te lo escucha decir. Y la esperanza empieza a ser más fuerte. Y mi cabeza entonces estalla.
¿Cómo tienes el valor de hablarme del destino?
¿Cómo pretendes que crea en el pedazo de capullo que te ha cruzado en mi camino para luego llevarte lejos de mí?
Mierda, ya es demasiado tarde y demasiado pronto.
Quiero que tu amigo me dé un zas en toda la boca y me demuestre lo equivocada que estoy. Quiero que me llames tonta por haber desconfiado.
Eso tardará. Una vida, quizá, o dos.
Sigue dándome pruebas de tu querido destino... que aunque a mi cabeza no le mole un pelo, es mi as bajo la manga, mi atisbo de esperanza, mi felicidad momentánea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario